Cuando Pedro despertó fue recibido por un bello ser alado en un lugar de luz celestial.
-Finalmente, ¿he muerto? – preguntó Pedro.
-Sí querido Pedro – respondió el ser – pero pasaste la prueba de vida y se te ha concedido un lugar aquí con nosotros. Ese palacio que tienes frente a ti te pertenece a partir de ahora. En él, las más bellas mujeres estarán a tu servicio. A tu paladar no le faltarán los más exquisitos platos ni los mejores vinos. Cualquier lujo que puedas siquiera imaginar estará a tu alcance.
-Estoy sorprendido – dijo Pedro con incredulidad – creía que mi paso por la Tierra no había sido tan fructífero.
-Una vez al mes me pasaré por aquí para ver qué tal te va.
Y el ser se marchó, dejando a Pedro en aquel lugar maravilloso. Al cabo de mes cumplió su palabra y regresó para visitar a Pedro y preguntarle sobre su estancia en el palacio.
– ¿Cómo te encuentras querido amigo? – le dijo el ser alado.
– Estoy maravillado. Cada noche tengo la compañía de una mujer diferente. Todavía no he repetido ninguno de los platos de la carta del chef de mi palacio y ni siquiera conozco todas las estancias del lugar. Estoy encantado.
– Me alegro amigo Pedro. Dentro de un mes volveré a visitarte.
Y el ser se marchó de nuevo, dejando a Pedro disfrutar de su estancia en el lugar. Al cabo de otro mes, cumpliendo de nuevo su palabra, regresó de nuevo para visitar a Pedro y preguntarle sobre su estancia en el palacio.
-¿Cómo te encuentras querido amigo? – le preguntó de nuevo el ser alado.
– Muy contento y entusiasmado. Ya conozco a todas las mujeres, y suelo pedir los favores de mis favoritas. He probado todos los platos de mi chef y ya solamente le pido los que más me gustan. Y he escogido la mejor habitación del palacio para pasar la mayor parte del día, ya que por fin conozco cada una de las estancias.
– Maravilloso querido amigo. Dentro de un mes volveré a visitarte.
Y el ser alado se marchó de nuevo. Y cumpliendo su palabra volvió al cabo de otro mes.
-Lo cierto es que ya he discutido con alguna de las mujeres – le contó Pedro – Alguno de mis platos favoritos ya me aburren y estoy pidiendo platos que rechacé en su día y ando probando otras estancias para traer alguna novedad a mi día a día.
-Muy bien amigo, dentro de un mes volveré a visitarte.
Y así, mes tras mes durante un año, el ser alado volvió para preguntarle a Pedro sobre su evolución. Pasados doce meses el ser apareció de nuevo.
-Y bien querido amigo ¿cómo te encuentras? – le preguntó de nuevo.
-Estoy harto de estar aquí. No soporto más estar todo el día con las mismas mujeres. He aborrecido todos los platos que cocina el chef del Palacio y el lugar se está convirtiendo en una enorme cárcel. ¿Cuánto tiempo debo pasar en este lugar? – preguntó Pedro.
-Ay, amigo, pasarás aquí la eternidad.
-¿Qué? Y ¿por qué nadie me preguntó antes de venir aquí? Igual hubiera preferido pasar la eternidad en el Infierno.
-Querido amigo Pedro, ¿y dónde te crees que estás?
¿Y si quizás, sin saberlo, vivimos en un paraíso que nos permite empezar de cero cada setenta, ochenta o noventa años?
Tan corta para algunos y tan larga para otros, la vida nos permite experienciar, partiendo desde cero, un número casi infinito de posibilidades. A pesar de arrastrar de unos a otros la evolución genética y la herida familiar, el resto de acontencimientos dependen única y exclusivamente de nosotros mismos. La huella que dejemos en el planeta y en la humanidad depende solamente de lo que estemos dispuestos a adentrarnos dentro de la corriente de la vida y del nivel de despertar de cada cual.
