Naturaleza, espiritualidad, historia y tradición.

La Luna

La Luna

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Hace miles de años no había nada en la naturaleza comparable a La Luna, salvo tal vez el Sol. Nuestro enorme satélite provocaba, en aquellos primeros seres humanos, curiosidad, fascinación y miedo. La Luna era el Ser sobrenatural y nocturno que aparecía justo cuando las sombras del bosque despertaban a los hijos de la noche, animales y espíritus vagantes en la oscuridad. La Diosa Blanca, a veces llena, otras veces ausente, en ocasiones eclipsada, con todos sangrientos y grises. ¿Quién era esa misteriosa y brillante compañera?

Historia

Durante miles de años el ser humano ha vivido en armonía y en unión con los ciclos de la Naturaleza. Nuestros ancestros consideraban a la Luna la representante divina de los ciclos reproductivos, algo irremediablemente asociado a la feminidad. La vida no sería tal sin la fertilidad femenina. La Luna era adorada y a ella se dirigían todas las plegarias durante las fases de siembra y cosecha.

Los primeros calendarios que se conocen en diversas partes del mundo, estaban basados en los ciclos lunares. La Luna completa 13 ciclos en el transcurso de un año. Ese número 13 y el significado histórico que le asociamos no es una casualidad, es una asociación premeditada llevada a cabo por las religiones patriarcales. Cada ciclo Lunar dura 28 días y se compone de 4 fases: Luna llena, cuarto creciente, Luna nueva y cuarto menguante. De todos estos datos extraemos que en la antigüedad, los meses fueran 13 (ciclos lunares), de 4 semanas cada uno (4 fases) y por lo tanto 7 días cada semana (al dividir los 28 días mensuales entre las 4 semanas). La suma da prácticamente los 365 días anuales.

Hace muchos siglos que se tiene un conocimiento preciso de algunos de las principales características de la Luna, como por ejemplo la distancia que nos separa de ella. El cálculo con precisión de los eclipses lunares también fue uno de los principales focos del estudio de la luna. Sin embargo, también es cierto que hubo mucha oscuridad en su estudio hasta aproximadamente el siglo XV, cuando se retomaron muchos de los estudios y mapas de su superficie. La escasa tecnología de la época y las reticencias al estudio de los fenómenos celestes por parte de la iglesia católica, no ayudaron en esta labor.

Luna invierno

Simbología Lunar

La Luna ha sido el símbolo femenino por excelencia, desde hace muchos milenios y en muchos lugares del planeta. Los diferentes mitos y leyendas ya hablaban de la Luna como una Deidad femenina, de la misma forma que se reconocía al Sol como Deidad masculina.

La fertilidad femenina, y por lo tanto la Diosa Lunar, eran muy respetadas por nuestros ancestros. De ella dependía la subsistencia de la tribu. En aquellas culturas mistéricas, las prácticas mágicas destinadas a potenciar la fertilidad estaban en las manos de mujeres. Las sacerdotisas eran las responsables de lograr ese beneficio en pos de su comunidad. Ese poder femenino se tradujo por entonces en creencias y religiones completamente matriarcales.

El ciclo menstrual femenino es coincidente y asociado al ciclo lunar. Éste quedaba dividido en 4 fases. La fase creciente era la fase de sangrado hasta la ovulación, la fase de crecimiento de una nueva oportunidad. La fase de Luna llena era el período de ovulación, fase de plenitud, energía y fertilidad. La fase decreciente sería la reducción de la energía física desde la ovulación hasta la menstruación, energías creativas que no llegaron a materializarse. La Luna nueva representa la fase de menstruación, la mujer que retiraba sus energías físicas del mundo terrenal para centrar su conciencia en el mundos espiritual.

Estos cuatro ciclos son fundamentales, no solamente en la fertilidad, sino en todo lo que nos rodea. Las fases de crecimiento, plenitud, decrecimiento y desaparición o muerte son una constante en la naturaleza y en nuestras vidas. No solamente a nivel corporal, sino también a nivel espiritual. El año, nuestras ideas, nuestros ciclos… todos son fruto de un nacimiento, un desarrollo y una muerte.

El Sol, estandarte de la energía masculina, es esa constante fuente de energía que desaparece durante su viaje nocturno y reaparece por la mañana, puntualmente. La Luna en cambio es variable, da una sensación de orden confuso a voluntad. Estas cualidades se ven reflejadas en el mundo psíquico de la mujer, más variable y cambiante que el hombre.

La luz de la Luna es producto del reflejo de la luz solar. De ahí la asociación que se hace entre ambos astros. La Luna es el yin, pasiva, receptiva, profunda e introspectiva. El Sol es el yang, activo y dador de energía reactiva. Representa la espiritualidad dual, en la que una misma energía es emitida desde dos vertientes diferentes y opuestas.

La influencia de las mareas, y en general en los fluidos, la asocian al elemento acuático. Esta asociación influiría en cosas como en el embarazo y el momento del parto, pues el saco amniótico no deja de contener gran cantidad de fluidos.

Sus ciclos y constante renovación la asocian directamente con la muerte y con las iniciaciones, en las que una parte de nosotros desaparece y renace una nueva.

Tierra Yin Yang

La degradación de los símbolos femeninos

Con la proliferación de las religiones patriarcales, especialmente la católica, la Luna empezó a perder protagonismo, y no sólo eso, además se asoció toda su simbología a herejes y malas prácticas religiosas. Éste es el único camino que tuvo el cristianismo para comerse al resto de religiones, que eran matriarcales, para proclamarse ganador.

El sexo y la fertilidad, algo sagrado para nuestros ancestros, se empezó a ver como algo sucio. En muchos sitios, las mujeres en período de sangrado, no podían entrar en la iglesia por considerárselas impuras. La mujer sacerdotisa, máximo exponente espiritual, pasó a convertirse en una bruja perseguida. La noche y honrar la Luna también paso a convertirse en algo prohibido. El número 13 de las lunaciones pasó a ser considerado como número de mala suerte. Y como estos ejemplos, tantas cosas.

Sin embargo, se puede esconder el verdadero origen de las cosas a quien no quiere buscar, pero no cuesta nada encontrar toda esta simbología incluso dentro de las mismas religiones que intentaron acallarla, pues la mejor forma de eliminar algo no es prohibirlo, sino integrarlo.

El origen de la Luna

Nuestro planeta y nuestro satélite están inevitablemente unidos desde su nacimiento. Se cree, que durante la formación del Sistema Solar, un planeta del tamaño de Marte al que se le ha dado el nombre de Tea (nombre que en la mitología griega es la Diosa madre de la Luna) colisionó contra la Tierra. Como resultado de ese impacto, se formó la Tierra por un lado y la Luna por otro.

La Luna ha influido (y lo sigue haciendo) en la vida sobre la Tierra, en cosas como la velocidad de rotación terrestre o en las mareas por ejemplo. La vida en la Tierra (de haber podido existir) muy probablemente sería diferente a como es ahora.



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