Samhain

Samhain

El frío arrecia de camino a la segunda mitad del otoño. Las hojas de los árboles caen sin cesar sin que éstos, debilitados, puedan hacer nada por evitarlo. La retirada del padre Solar pone difícil la vida de todos los seres del bosque. La sequedad del suelo, las escarchas nocturnas y la escasez de los alimentos van en aumento progresivo según avanzamos hacia el invierno. La noche del 31 de octubre celebraremos Samhain, de nuevo el final de un ciclo anual y el inicio del nuevo año celta. Un año que, de nuevo, empieza con la oscuridad y nos otorgará una nueva oportunidad para caminar hacia la luz del verano.

El frío que hiela la sangre nos recuerda que, si hemos equivocado las reservas de comida para el invierno, no sobreviviremos ni nosotros ni nuestros animales. Si la cosecha fue mala durante el verano, sólo nos quedará esperar que el invierno, lentamente, dicte sentencia sobre nosotros. 

Noche de difuntos

Mientras vemos como la naturaleza perece lentamente y el calor del Sol se desvanece, es inevitable recordar a los que ya no están. La vida se aleja de nosotros y de nuestro entorno, y la muerte se abre paso sobre la Tierra. Nos encerramos en el hogar y en nuestro interior, temerosos de lo que podemos encontrar fuera y de que La Parca nos encuentre. Caen los velos que separan la vida y la muerte y se iguala la energía de ambos mundos, el mundo de los vivos que transitamos con la ayuda y el calor del Sol, y el mundo de los difuntos, frío, cadavérico e inerte.

Mientras nos recogemos en el hogar y en nuestro mundo interior, nos acordamos de aquellos que formaron parte de nuestra vida y ya no están, así como de nuestros ancestros y antepasados más lejanos gracias a los cuales hemos llegado a ser lo que hoy somos, resistiendo inviernos aún más difíciles.

Era costumbre celebrar con ellos la noche de Samhain, el inicio del año. En su honor se ponía un plato más en la mesa para que cuando gustaran, desde el más allá donde quiera que estuvieran, nos acompañaran en la cena y nos honraran con su presencia. La festividad Samhain era una comunión con los espíritus de los difuntos que, en esta fecha, tenían autorización para caminar entre los vivos, dándosele a la gente la oportunidad de reunirse con sus antepasados muertos. Para mantener a los espíritus contentos y alejar a los malos de sus hogares, también dejaban comida fuera, una tradición que evolucionó convirtiéndose en lo que hoy hacen los niños en Halloween yendo de casa en casa pidiendo dulces. Era costumbre vaciar nabos (posteriormente calabazas, debido a una tradición irlandesa) para ponerles dentro velas.

Una fiesta muy nuestra

Que no os engañen, Samhain es una fiesta muy nuestra, una festividad Celta que por supuesto incluye a la Península Ibérica y que tiene más de 3.000 años de antigüedad. La iglesia católica lo único que hizo fue, entorno al siglo VII, adaptar la fiesta grande Celta de los difuntos por la suya propia, la de Todos los Santos, visto que no eran capaces de lograr que el pueblo dejara de celebrarla. Sin embargo el verdadero Samhain era la festividad de origen pagano en la que se celebraba el final de la temporada de cosechas en la cultura celta, considerada como el año nuevo celta y que comenzaba con la estación oscura.

Muchos vestigios de Samhain quedaron en nuestro territorio, especialmente en Galicia donde el Samaín nunca llegó a desaparecer. En otros lugares también permanecieron diferentes fiestas para celebrar con frutos de temporada en esta fecha tan señalada, como las Castañadas que se celebran en sitios como Cataluña, Baleares o Valencia. También son conocidas la Magosta de Cantabria o Amagüestu en Asturias. En el País Vasco se celebra Gaztainerre, en Extremadura la Chaquetía y en el Valle del Tietar la Calbotá.

En cualquier caso sería injusto no reconocer que fueron los Irlandeses los que llevaron a Estados Unidos esta fiesta entre los siglos XIX y principios del XX. El 1 de noviembre era el día de Todos los Santos de los cristianos, por lo que en inglés, la vigilia a esta fecha se denomina All Hallow’s Eve, lo cual acabó derivando a Halloween.

La fiesta está cargada de símbolos y leyendas que han ido evolucionando con los años, como el famoso Truco o Trato. Originalmente el truco o trato era una leyenda popular de origen céltico según la cual no solo los espíritus de los difuntos eran libres de vagar por la Tierra la noche de Halloween, sino toda clase de entes procedentes de todos los reinos espirituales. Entre ellos había uno terriblemente malévolo que deambulaba por pueblos y aldeas, yendo de casa en casa pidiendo precisamente «truco o trato». La leyenda asegura que lo mejor era hacer trato, sin importar el coste que éste tuviera, pues de no pactar con este espíritu (que recibiría el nombre de Jack-o’-lantern, con el que se conocen a las tradicionales calabazas de Halloween) él usaría sus poderes para hacer «truco», que consistiría en maldecir la casa y a sus habitantes, dándoles toda clase de infortunios y maldiciones como enfermar a la familia, matar al ganado con pestes o hasta quemar la propia vivienda. Como protección surgió la idea de crear en las calabazas formas horrendas, para así evitar encontrarse con dicho espectro (y con el tiempo, debido a la asociación mental entre el espíritu y las calabazas, el nombre de este sería dado a ellas, que es como son conocidas hoy día cuando llega esta fiesta). En la actualidad, los niños se disfrazan para la ocasión y pasean por las calles pidiendo dulces de puerta en puerta.

La internacionalización de Halloween y su asociación con el terror (no olvidemos que inicialmente el objetivo era el de recibir y honrar a los espíritus de antepasados), se produjo a finales de los años 70 y principios de los 80 gracias al cine y a las series de televisión. Esta internacionalización ha hecho por un lado que pensemos que Halloween es una fiesta de origen americano exportada al resto del mundo y por lo tanto es rechazada en muchos lugares. Pero por otro lado, gracias a esta difusión, en la actualidad se celebra en muchos lugares y muchas personas sienten curiosidad y se informan de su verdadero origen.

Celebrando Samhain

A pesar de ser una celebración relacionada con la muerte, no debemos ver Samhain como algo negativo, especialmente en la actualidad. Todo en la vida se mueve en ciclos vitales. Las personas, los animales, los proyectos, las ideas, los territorios, el año … todo tiene un ciclo vital de nacimiento, crecimiento, decrecimiento y muerte. Todo está construido con luces y sombras y en eso el ser humano es un claro ejemplo.

Las personas tenemos momentos de plenitud, de entrega, de actividad. Pero de igual manera esa energía viva y de luz debe equilibrarse con momentos de introspección y de recogimiento, momentos de oscuridad. Tendemos a ver la pausa, el descanso y por supuesto la muerte como cosas negativas. Sin embargo en esta vida todo tiene ciclos y es imprescindible comprenderlos y vivir cada uno de ellos de forma consciente y plenamente, ya sea un ciclo de luz y crecimiento como un ciclo de sombra y decrecimiento.

Aprovecha en esta festividad para comer frutos de la época como castañas, boniatos, calabazas, mandarinas… y elabora dulces como los panellets. Recoge elementos de otoño de la naturaleza y decora tu hogar y siempre que puedas pon una velita en honor a los que ya no están y que en estas fechas deben estar muy presentes. No estás obligada a estar a tope de energía durante todo el año y este es un buen momento para bajar un poco el ritmo y recuperar energía para volver a afrontar la mitad luminosa del año cuando esta llegue. No es solamente una cuestión de obligarte a frenar un poco, es sobretodo saber disfrutar de los momentos pausados de introspección, meditación y de estar con uno mismo. Démonos la oportunidad de transitar un poco la sombra interior durante unos días al año.

HALLOWEEN / SAMHAIN

La madre Tierra desfallece y el padre Sol parece no tener energía. Los días se hacen cortos, la vida se apaga y el frío implacable nos acecha. El invierno esta próximo, es momento de protegerse en el hogar interior.

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