Naturaleza, espiritualidad, historia y tradición.

Somos polvo de estrellas

Somos polvo de estrellas

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Dicen que el Universo entero está contenido en nosotros mismos, que estamos hechos de trocitos de estrellas, que ahí está nuestro origen. Y la verdad es que cuando consigues acallar la vocecita y observar el alma, realmente no hay nada y hay todo, igual que el Universo… un espacio vacío lleno de miles de billones de estrellas.

“Somos polvo de estrellas”, como dijo Carl Sagan. No sabemos de dónde procede la materia que conforma a nuestro ser y a nuestro entorno. Creemos que de una explosión brutal a la que llamamos big bang. Pero, ¿dónde nacieron todos esos elementos? ¿Dónde se originaron? ¿Hubo otros big bang antes del big bang que creó nuestro universo? Sea como fuere, de esa explosión, o de la explosión de otro cúmulo de materia, nació una gran nube de gas y polvo que se tornó en el Sol, la Tierra y finalmente en nosotros mismos.

Somos polvo de estrellas, porque cada una de las células de nuestro cuerpo se compone de materia que procede de una explosión estelar. ¿No creías en la reencarnación? Cuando dentro de mucho tiempo mueras, tu materia volverá a la Tierra, la cual tarde o temprano también morirá y será absorbida por un Sol en su etapa final que acabará devolviendo todo al espacio nuevamente para que sea aprovechado por otros sistemas. ¿Hay acaso una forma de reencarnarse más maravillosa que esa? Cada unidad elemental vive según su importancia y su tamaño, y de la misma manera que un insecto tiene una vida de semanas y la tuya es de años, la del planeta se mide en miles de millones de años y así hasta llegar al universo entero. Sin embargo la materia sigue ahí, transformándose, y no se destruye, simplemente transmuta.

La materia te permite observarte y verte como algo igual a todo lo que te rodea. Lo que a ti te ha formado también ha formado a los animales, las plantas, el planeta, el universo… No eres ni más ni menos, no eres diferente, eres igual que todo lo demás. El planeta está vivo igual que tú, la Tierra tiene sus ciclos igual que tú, nació, maduró, envejece, está viva. A veces nos es posible observar ese Todo, ese alma colectiva. Solamente cuando conseguimos abstraernos de distracciones y aislamos la mente de nuestra cotidianidad, abandonamos la persona y nos centramos en la observación, somos capaces de ver todo lo demás y sentirnos como uno solo, como un todo lo mismo.

Muchas formas hay de llegar a esa observación. Hay quien lo lleva innato consigo. La meditación puede ayudar también, el estudio del entorno, el contacto con la naturaleza, el estudio de nuestra historia. A veces la religiosidad está detrás de esa observación. Da igual, el caso es lograr abstraerse del bombardeo absurdo al que estamos sometidos, acallar la vocecita, para dejarse maravillar por la grandeza del ser humano.

Dicen que el universo creó seres como nosotros simplemente para poder admirarse a si mismo. No dejemos pues escapar la oportunidad de hacerlo ya que tanto él como nosotros lo necesitamos.


Imagen de portada: Raúl Tomás



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